AB IMO PECTORE – Antología personal

 

Selección de poemas de
AB IMO PECTORE / ANTOLOGÍA PERSONAL

Carlos Castillo Quintero
Caza de Libros Editores, 2010

Auguste Rodin – La Danaide. Mármol, 1890

 

Poemas de «Sin el azul del día»
(Premio CEAB 2001. Editado por la Secretaría de Cultura de Boyacá en 2008)

 

CLASE DE ARTE

Wassily deambula por una Ciudad árabe

con un turbante púrpura va, y en su mochila lleva tubos ocre

que retienen la piel de una tunecina.

El cielo negro se tiende sobre la torre, el faro, y los ojos de Wassily:

La torre se erige (aclara su ascendencia babélica) y se pierde

más arriba de la nube que la ronda como una oveja.

El faro ignora a su sombra que se pliega en los techos.

Y los ojos de Wassily son una línea, un rayo blanco, una yegua

que gime entre conos, círculos, dameros…

           

Wassily salta de tus labios y sale por la ventana, 

cae,

se sienta en una silla (el ceño fruncido) y se pone a dibujar la

Plaza de San Francisco en una libreta roja.

Wassily está triste porque yo no he visto su Ciudad árabe

la fuente en donde se presiente un jardín

el embozado que trama un crimen

el coche con los ojos de la favorita del Sultán

el oro del comerciante del zoco

y la sombra del profeta… Wassily sabe que

sólo he visto tus labios de muñequita que sabe de Wassily.

 

 

 

 

INSOMNIO

...amor al fin sin alba.
Federico García Lorca

 

Sobre la cúpula de la Catedral

y los edificios

y los techos bajos

de una ciudad deshabitada,

cae la lluvia:

rendida a la noche baja

se desliza,

dentro de mi cabeza

se mezcla con tu nombre.

Y lluvia y nombre

son una sola melodía

que de mi pecho brota, sube,

rumor de agua

sobre los techos bajos

y los edificios

y la cúpula de la Catedral

de esta ciudad deshabitada

en donde la lluvia cae,

durante toda la noche…

 

 

 

 

 

PESADILLA

Quizá antes del alba

tropieces con tu límite

y tus ojos,

náufragos de luz,

abandonen al medroso

animal nocturno

mientras inocente de ti

al otro extremo de la sombra

el mar se rompe.

Quizá

antes que tu cabellera

se precipite

te hagas inalcanzable

para la noche,

y mi mano abierta

se resigne

a la bruma salada

que no sabe de tu nombre.

 

 

 

Auguste Rodin – Torso arqueado de mujer joven. Bronce, 1909

 

Poemas de «Estación nocturna»
(Premio Universidad Metropolitana de Barranquilla, 2002)

 

 

SAGA DE LOS AMANTES

Para que en inmortales los convierta el cielo mentido.
Jorge Gaitán Durán

I

Se entregan y olvidan

―los amantes―

que ella aguarda.

Mira los cuerpos

y suave los palpa,

por la habitación camina

recoge el desorden de ropas

las modela y sonríe

mientras escucha

promesas de amor eterno,

respira en el  hombro

de los que se aman

y olvidan

que se impacienta

la paciente muerte.

 

 

II

Cruzan la noche

guiados por el rastro

de la serpiente.

Deshacen

la falleba de sombra

y franquean el umbral

al paraíso.

 

 

III

Las pieles

enardecieron el apetito

de dioses imberbes

que acudieron.

Pero el amor, fortalecido,

les hizo huir

por la noche lluviosa

y sin faros.

 

 

IV

Cuando la medianoche

permite que el alba se aproxime.

En su corazón

el amante oye una voz

oscuro presagio

que al amor condena.

Entonces

a pesar del alba

a pesar de la fatiga

busca al amado

a su tibia piel entredormida

y prosigue

la ronda nocturna.

 

 

V

El amado

contendor que ignora

el arma que usa,

ve con asombro

el rostro fatal, herido,

del amante que lo mira.

Perdido duelo, irremediable,

el del amado.

 

 

VI

Tu cuerpo,

morada segura

hasta el alba.

Final del tedio,

de la fiesta

de duendes.

 

 

VII

Allí, en el pecho,

―el olvido―

igual que el amor

habitando lo suyo.

Leal a su conjuro.

 

 

VIII

Te vi llorar

no por el amor que moría a tus pies,

no por lo perdido

sino porque ya no quedaba nada

para destruir.

 

 

IX

Rosa ebria,

enemigo temible

―este amor―

que me hizo olvidar

tu condición natural

de ave migratoria.

 

 

X

En la agonía final

el amante

no siente el último

―el único―

beso del amado,

pero escucha su llanto

y sonríe,

imperceptible.

 

 

XI

Dejándolo tendido,

con el puñal aún en el pecho,

la amada huye bajo la noche lluviosa.

Mezclada con la lluvia

la sangre del amante huye también

va al río

y allí, cuando la amada lava su culpa,

la seduce.

 

 

XII

Guerrero inútil

el amante,

mosca postrada

en el ínfimo rastro de leche.

 

 

XIII

Acosada

por la nostalgia

una lágrima

anónima

minúscula

rodaba.

 

 

XIV

Piel en el lecho,

filo de acero olvidado

―este deseo―

resabio

que de ti me queda.

 

 

XV

Mi mano que no sabe quién

que no sabe dónde.

Mi cansada mano

que en la noche llama

a ver

si tu corazón le abre.

 

 

XVI

Mi deseo,

toro de lidia que se aleja

sin rastro de sangre en el lomo.

 

 

XVII

Reino de sombras,

―tu cuerpo―

donde náufrago de ti,

hallo consuelo.

 

 

XVIII

Tu piel,

estrella en fuga

más antigua que mi nostalgia.

Noche que se rompe

contra los acantilados,

ofrenda delicada

a un dios ajeno.

 

 

XIX

Navío encallado en mi alma

prepárate a partir

a regresar

cuando el amor sea vida de nuevo.

 

 

 

 

Auguste Rodin – El ídolo eterno. Yeso, 1890 – 1893

 

 

ESTACION NOCTURNA

 

Bajo la luz titilante de una estrella moribunda.
T. S. Eliot

1

La noche es una fiera.

Escondido tras los lentes oscuros

quiero evitar el fuego que surten

las faldas de las mujeres,

la del lunar, sonríe, es casi una niña

terrible, voluptuosa

transita por la calle perfumada.

¿A dónde vas?

A ninguna parte.

Y a pesar de la ducha fría,

la carne no olvida.

 

 

2

Una morena de senos enormes

juega a lanzar un niño al aire,

una y otra vez,

hasta que no vuelve a bajar.

El hombre vestido de torero, espera,

“No significa nada si no tiene swing”

dice, y el niño sube más y más.

 

 

3

Atrás, la iglesia cerrada

donde el sacristán oficia con vino puro

que toma del extraviado

recostado en su lecho.

Pájaro remoto sorprendido por el vacío

cuando aún no rebrotaban

sus alas.

 

 

4

Tras la puerta la imagen de un santo llora,

la música atrapa su llanto

y se lo lleva con el resto de sombra.

 

 

5

Perder un reino, dejarlo,

cambiar de ritmo,

olvidar tu fotografía en el muro

con un alfiler en el pecho, desnudo,

atravesado como por descuido.

 

 

6

Me abandono en la estación nocturna

con una mujer que ríe,

bebe de mi soledad y ya ebria

me muestra una cicatriz en el muslo

recuerdo de un capitán de navío

al que todavía espera…

Se tiende

y sus ojos reflejan la luna roja,

“Venga”, dice 

me dejo tragar por su cuerpo de ballena

y pienso:

Qué más da otro poco de abismo

cuando de ti

nada me queda.

 

 

 

 

Auguste Rodin – El Beso. Mármol, 1882

 

Poemas de «Rosa fragmentada»
(Ediciones CEMPRED, Cámara de Comercio, Duitama 1985 )

 

 

ULTERIORES EXPLICACIONES

Te escribo

para dejarte ver que no te vas,

no así de fácil.

Pues no basta

Con recoger la piel y partir,

No es suficiente

Acomodar abismos

Cuando todavía queda el riesgo

De un verso, una palabra que no te deje ir,

Que te ponga en letras de molde

Y no te deje mover

Para que quedes atrapada

En tu desamor.

Una palabra escrita

que quizá pueda más que el amor mismo

que no supo retenerte.

Te escribo, como trampa de ermitaño

Que le pone nombre a cada sombra

Para conversar con la ausencia,

Como con alguien conocido.

 

 

UNO

Para merecerte caminé al extremo de luz

Evitando en la piel

Las señales del llanto.

Para tu aroma

Dispuse mi íntimo jardín,

Dejando a la noche

Sin la mirada que seguía su ritmo.

Y me queda la sospecha

De haber aprendido los pasos de tu danza

Y la habilidad en los labios

Para retenerte.

Porque duele tu piel completa en la mía

Y la sangre se detiene

Ante el cristal húmedo

De esta vida que se rompe.

 

 

TRES

                        El alma es alumna de la carne.
                                               Margarite Yourcenar

Piel abismo

que permitió la rotura de la rosa.

Besos dejando fuego

en el centro de un amor de hielo.

Distancia mortal

que separó tus muslos

llenándolos de sombra ardiente.

Grito de animal feroz

devorando

la presa que corresponde.

 

 

SEIS

Vida que hieres,

deshecha sombra que muere hacia dentro

para conservar en la sangre

el color del rostro amado.

Vida que insistes

en desconocer el abismo.

Corazón fragmentado

pronunciando su nombre.

 

 

OCHO

Pero nada más urgente

que este último beso que no se rinde.

La sombra de algo dentro

que hiere por su belleza.

La mano deseando la caricia

tras haber abandonado

el puñal.

Nada tan doloroso

como tu nombre, esperanza

de lo que sé.

 

 

NUEVE

Recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo.
Octavio Paz

Del caos hago inventario

para retener la palabra

que puedas necesitar.

Aún deforme, para ti

guardo un corazón

(agua fresca)

por si le fueras

a necesitar.

 

 

DIEZ

Te llamo

y suena mi voz como queja de ausente

en quien ya nadie repara.

Regreso al silencio

y te escucho descalza sobre mi cuerpo,

mientras afuera

la lluvia salta como una niña feliz.

 

 

TRECE

(Diciembre 20 de 1994)

Noche oscura

en la que te siento reptar,

en la que duele

tu olor a siempreviva.

Herida que deja caer

su filo mortal y delicado

sobre el rostro

que busca

la imposible sorpresa.

                                  

 

 

CATORCE

Mi carne y mi corazón por tu carne abrazados.
                                            Arthur Rimbaud

Sin la luz necesaria a tus labios

ni el tono de voz que corresponde

Sólo con el lenguaje cifrado de tu cuerpo

que brota del aroma de rosa fragmentada.

Sin certeza alguna,

regresa la ruta de tus manos

sobre mi piel,

y el abismo de aferrarme a tus labios,

mientras llueve por dentro.

 

 

 

 

Auguste Rodin – Adán. Bronce, 1880

 

Poemas de «Burdelianas»
(Editorial UPTC, 1994)

 

 

PREÁMBULO

Agreste, licenciosa, pasas la vida

sin pensar si sueñas

o en realidad gozas las formas de tu noche.

Y eres así:

no más imaginarte para huir

y penetrar la rosa que escondes

en la certeza de tu cuerpo

Agreste, licenciosa, te llamas Ifigenia,

te dicen Emilce.

te dejas decir-coger sin desear ni adornar

nada las cosas,

sin recordar, siquiera la condición de tu cuerpo.

Pasas la vida, usando, apenas un poco,

el reverso luminoso de las horas…

 

 

 

BURDELIANA III 

Sobre el lecho,

la desnudez soporta el tatuaje

la huella caliente de manos cumplidoras

consumando oscuros compromisos.

Y dentro,

se va presintiendo el torrente

que lo inunda todo… y no deja de ser placentero

sentirse mojado de hombre,

humildemente entregado

a la locura de tomar aquello que no me pertenece.

 

 

 

BURDELIANA IV

Es viernes y espero

Quizá vengas por la calidez de mis muslos

Por mi completa sumisión a tus deseos

por lo que pueda venderte, lo que quieras comprar

No he querido nada con nadie, mientras espero

Hoy quiero todo solamente contigo

Desde temprano estuve haciéndome bello para ti

He decorado nuestra luna, y me he puesto tu sabor a vino

en el comienzo de los labios.

Algunas me miran risueñas porque me ven inquieto,

porque presienten que te quiero…

Y sin embargo estoy tranquilo:

No en vano te he estado haciendo mío.

 

 

 

BURDELIANA XII

1

Caballero mío:

En esta ciudad ayer llovió,

de las montañas comenzaron a bajar barquitos de papel

montados sobre la lluvia.

Estuve pendiente por si veía tu bandera de pirata.

Ninguno naufragó

Tuve que reconocer

Que no habían sido construidos por tus manos.

 

 

2

Hasta mis gastadas sábanas llegan noticias:

Dime, es cierto ese rumor que se expande en la noche,

que te has ido, que no recuerdas mi nombre ni mis labios,

que ya no juegas con la lluvia…

y que te cortaste la barba.

En esta ciudad ayer llovió, y como siempre

Fui a las montañas y envié barquitos de piel

a tu encuentro:

todos naufragaron sin la bondad de tus lágrimas.

 

 

 

BURDELIANA XIII 

A, Gustav Von Aschenbach

 

1

Arribaste pronto

Para la agilidad de los ojos y la piel.

Sentí tu enorme presencia poseyéndome,

intimidando mi cuerpo con palabras-sabores-palabras

que me recorrieron hasta hacerme tuyo.

Llegaste cuando apenas comenzaba mi sol interior

y te recibí confundido y noble, como un perro

ante el pan nuevo que le ofrece un nuevo amo.

 

2

Me gustabas ensimismado sobre la playa de mi cuerpo

y solo,

resueltamente solo en tu corazón.

Y tus labios besaron la apetecida muerte

mientras deshacía en el mar mi cuerpo de rapaz

y penetraba el cercano rumor de las olas.

 

 

 

BURDELIANA XVIII

Cadenas para sentir

Mientras me consumes, ebrio,

Nervioso por la exactitud de los cuerpos.

Cadenas en los labios

Para evitar la torpeza de ofenderme

Por la simplicidad de tu miedo,

tu pudorosa sensación

de que mi cuerpo pueda causarte daño.

 

 

 

BURDELIANA XIX

Salvo mi corazón, todo está bien.
Eduardo Carranza

Vivo noches,

compartiendo con obtusos contendores

sin evitar el rincón oscuro que siempre he temido:

la atrocidad de los cuerpos

deformados por el alcohol o la risa.

Vivo, perteneciendo a quien recoja mis labios

o pague alguna cuenta de las que corresponden

o, simplemente, me sonría de esa forma que sé

y no puedo resistir.

Te repito que vivo,

para que no vayas a pensar,

que este recorrer de calles y de camas,

este esfuerzo por presentarme siempre bello…

para que no vayas a pensar, que esta soledad,

no puede parecerte vida.

 

 

 

 

Auguste Rodin – Fugit Amor. Mármol, 1885

 

Poemas de «Piel de recuerdo»
(Ediciones Maldoror, 1989)

 

I

Primero

Apenas una  hebra de piel

que se estremece

ante la sensación de roce,

de mirada

o de noche compartida…

Dos cuerpos en la calle

y el deseo que llega

¡y atrapa!

Después

solamente la necesidad

de pertenecernos,

de saber los sabores

de cada cuerpo

cada señal…

roces de pieles,

manos aprehenden manos…

Solamente

nuestra mirada

sosteniendo toda la tierra.

 

 

II

Los sonidos se recortaron sobre la noche

cayendo de tu boca

para forjar un muro entre nuestros labios.

El instante temeroso dejó caer las palabras

y sobre mis manos

y mis ojos, vi la muerte correr

eco sonoro

de nuestro sueño

que terminó de un solo tajo.

 

III

Tal vez nuestro amor

No era más

que otro requisito para el olvido.

Sin embargo,

aún siento la rosa de hielo

que se deshizo en nuestras manos.

 

IV

Seguramente

cuando comencé a recordarte

aún no habías partido.

Tal vez son cosas de la tristeza.

Eso pienso

mientras  te veo tejiendo

un poco más allá de mi soledad.

 

V

Después de tu partida

comencé a contar el tiempo

en horas de tristeza

y horas de sueño.

Es para decirte

que desde aquella noche

ya no duermo.

 

VI

Mis pisadas que rondan por la casa

no encuentran la forma de tus huellas

y en silencio regresan a la cama

rendidas de vacío.

 

VII

Estás ahí,

aquí dentro, insistente

insistente.

 

VIII

Ocupar una habitación entre dos,

hacer propios los maltratos

de las paredes, la quietud

de los rincones.

Entregar la vida juntos.

En la noche saber encontrar tus ojos

a pesar de la sombra;

conocer también

el espacio de la mano y hallarlo.

sentir la piel, apenas

con la evocación de tu cuerpo,

sin la necesidad del roce.

Es, tal vez por estas cosas…

que no resisto

la forma vacía de tu porción de lecho.

 

IX

Abrir el rostro casi sincero

para otro día,

rozar las escaleras rumbo a la calle,

a la lluvia tenue sobre el abrigo,

sobre la sonrisa

la de los “buenos días” dichos con

costumbre.

Dejar caer la mañana sobre la tarde,

a la tarde sobre la noche…

rozar las escaleras, en penumbra

tenderse desnudo, arropado con la

soledad del cuarto.

Cerrar el rostro, y otra vez

como siempre

seguir en sueños recordándote.

 

X

Me entregaste cosas innecesarias

el amor, por ejemplo.

Pero al menos me entendiste

hallaste mi espera

y aquel inmenso vacío

que portaba sobre mi cuerpo

Después partiste.  Yo lo sabía

siempre presentí las alas debajo

de tus hombros.

Vuelve cuando quieras

recoge tu amor

y a este hombre que también

es tuyo

¡ah! … se te olvidó la piel

sobre la sábana.

 

XI

Sabía que terminaría contándotelo

antes del final de la noche.

A pesar de tu silencio,

de la mirada fría que pones

sobre mi rostro.

Además…

sé que te resulta evidente mi tristeza.

Hasta aquí,

casi todo estaba dicho

menos mi odio

que también cabe en tu recuerdo.

 

XII

Realmente hay cosas extrañas

Yo, por ejemplo.

Estoy aquí… amándote

y no sé por qué.

Sin embargo,

cuando miro un poco más allá

de tu olvido

te encuentro amándome.

¡Ah! tú también estas triste.

Realmente hay cosas extrañas.

 

XIII

A pesar de todo, siempre

cuando regreso de ti,

deseo más de ti,

así sea otro poco de olvido.

Derechos reservados
©Carlos Castillo Quintero

* * *

 613 total views,  2 views today

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *