CARLOS CASTILLO QUINTERO

Escritor & Editor

  • Inicio
  • Biografía
  • Libros
  • Videos
  • Galería
  • Descargas
  • Contacto

"Eos y Titono" | Generada por IA
0 

        MEDIO SIGLO.  Hoy, agosto 28 de 2016, cumplo cincuenta años. He vivido 18.262 días que bien podría contar en horas, minutos y segundos. El espejo me devuelve la mirada de un hombre de ojos cansados y cabello blanco. Prefiero no pensar en él, que siga su viaje. Yo, mientras tanto, me entretengo con fábulas fallidas, relatos de quienes han querido eludir a la muerte.

Termino estas líneas y un minuto antes de enviarlas al periódico me entero de que mi querido y admirado Alberto Aguilera Valadez ha muerto. Adiós al Divo de Juárez, Juan Gabriel, a quién dedico los fragmentos que siguen.

1

¿QUÉ DESEAS? Hermano de Príamo, rey de Troya; y de Ganimedes, el adolescente amante de Zeus; el príncipe Titono es tan agraciado como ellos. La diosa Eos, la delicada Aurora, se enamora perdidamente de él y le pide a su padre que lo haga inmortal. Zeus accede y Eos se casa con Titono, tienen dos hijos y viven muy felices. Sin embargo pasan los años y Titono envejece: es inmortal pero carece de juventud eterna. Una tragedia. Eos se lamenta ya que su padre, si ella así lo hubiera pedido, le habría concedido a su esposo este otro don, pero lo olvidó. Los años encogen el cuerpo de Titono, que se convierte en una madeja de arrugas de la que brota un gemido. La Aurora abandona el lecho matrimonial cada día más temprano, espantada ante el aspecto de su esposo. Zeus, al ver el guiñapo en el que se ha convertido Titono, se compadece de él y lo transfigura en grillo. Eos, desde entonces, todas las mañanas llora su desventura y sus lágrimas se convierten en rocío, único alimento del insecto inmortal en el que se ha transformado Titono. Dicen, que si alguien le pregunta a un grillo ¿QUÉ DESEAS?, el canto natural del animalito cambia y con un murmullo lento y apagado, contesta: MORIR, MORIR, MORIR...

2

ULISES. En El inmortal, cuento de Jorge Luis Borges, se lee: «Esas cosas Homero las refirió, como quien habla con un niño. También me refirió su vejez y el postrer viaje que emprendió, movido, como Ulises, por el propósito de llegar a los hombres que no saben lo que es el mar ni comen carne sazonada con sal ni sospechan lo que es un remo. Habitó un siglo en la Ciudad de los Inmortales. Cuando la derribaron, aconsejó la fundación de la otra. Ello no debe sorprendernos; es fama que después de cantar la guerra de Ilión, cantó la guerra de las ranas y los ratones. Fue como un dios que creara el cosmos y luego el caos.

Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal. He notado que, pese a las religiones, esa convicción es rarísima».

3

 LA RAMA DORADA. En la Antología de la literatura fantástica de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo se incluye un texto de James George Frazer, al que titulan Vivir para siempre, dice:

«Otro relato, recogido de Oldenburg, en el Ducado de Holstein, trata de una dama que comía y bebía alegremente y tenía cuanto puede anhelar el corazón, y que deseó vivir para siempre. En los primeros cien años todo fue bien, pero después empezó a encogerse y arrugarse, hasta que no pudo andar ni estar de pie, ni comer ni beber. Pero tampoco podía morir. Al principio, la alimentaban como si fuera una niñita, pero llegó a ser tan diminuta que la metieron en una botella de vidrio y la colgaron en la iglesia. Todavía está ahí, en la iglesia de Santa María, en Lübeck. Es del tamaño de una rata, y una vez al año se mueve».

4

        ALGUIEN. Un hombre trabajado por el tiempo, un hombre que ni siquiera espera la muerte (las pruebas de la muerte son estadísticas y nadie hay que no corra el albur de ser el primer inmortal), un hombre que ha aprendido a agradecer las modestas limosnas de los días: el sueño, la rutina, el sabor del agua, una no sospechada etimología, un verso latino o sajón, la memoria de una mujer que lo ha abandonado hace ya tantos años que hoy puede recordarla sin amargura, un hombre que no ignora que el presente ya es el porvenir y el olvido, un hombre que ha sido desleal y con el que fueron desleales, puede sentir de pronto, al cruzar la calle, una misteriosa felicidad que no viene del lado de la esperanza sino de una antigua inocencia, de su propia raíz o de un dios disperso.

Sabe que no debe mirarla de cerca, porque hay razones más terribles que tigres que le demostrarán su obligación de ser un desdichado, pero humildemente recibe esa felicidad, esa ráfaga.

Quizá en la muerte para siempre seremos, cuando el polvo sea polvo, esa indescifrable raíz, de la cual para siempre crecerá, ecuánime o atroz, nuestro solitario cielo o infierno. (Poema de Jorge Luis Borges).

Carlos Castillo Quintero

Publicada originalmente en el periódico EL DIARIO


1 

Es frecuente que a alguien se le ocurra pasar por escritor, sin serlo. El asunto se resuelve contratando a quien sí lo es. A este obrero de las letras se le llama escritor fantasma (del inglés ghostwriter), o de manera más denigrante, en muchos sentidos: negro. El resultado final es un texto que la mayoría de las veces se publica y que el susodicho “alguien” firma.

Más allá de las preocupaciones éticas que esto supone, la filosofía y la teoría literaria hoy en día no le ven mucho problema a esta situación; por el contrario, en algunos entornos se proclama la muerte del autor (Roland Barthes, Michel Foucault, entre otros). Se dice que todo nuevo texto, una novela por ejemplo, no es más que una serie de citas de otros textos, ideas entrecruzadas que provienen de un pasado y de una cultura común. Así las cosas, un nuevo texto no pertenece a su autor, sino más bien a la cultura en general y al lector. En “Pierre Menard, autor de Don Quijote”, Jorge Luis Borges le da otra vuelta de tuerca a este asunto. De manera tajante, dice: «Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será». 

2 

Hacerse pasar por escritor, sin serlo, es una cosa. Otra muy diferente es ser escritor y buscar a un Hombre de paja para que firme los libros y se lleve todo el crédito. En el ámbito jurídico se llama Hombre de paja a quien confiesa un crimen que no cometió, va a la cárcel y paga por él. Pero ¿quién no quisiera la gloria de, por ejemplo, William Shakespeare? 

3 

Desde el Siglo XIX se han tejido teorías que intentan demostrar, entre otras cosas, que las obras de Shakespeare no fueron escritas por William Shakespeare (1564-1616). Si bien se tiene noticia de un actor, nacido en Stratford, con ese mismo nombre, se aduce que éste no tendría la suficiente formación intelectual, ni la cultura necesaria para gestar las obras que se le atribuyen. Algunos radicales llegan a decir, incluso, que ese actor era semianalfabeto y apenas podía leer los parlamentos que le correspondían. Llegados a este punto, Shakespeare sería un Hombre de paja y nada más, la máscara de un escritor que deseaba permanecer en el anonimato. Aquí surgen varias e inquietantes preguntas: ¿Shakespeare, en realidad, no era capaz de escribir su obra? Y si es así, entonces ¿quién la escribió?, y ¿a razón de qué Shakespeare se iba a hacer pasar como el autor que no era?

4 

Edward de Vere (1550-1604), decimoséptimo conde de Oxford, erudito autor teatral, poeta, y mecenas de las artes es, según algunos, el hombre detrás de la máscara. Apoyando esta idea existe toda una teoría conspirativa según la cual los registros, y en general toda la información que hubiera permitido llegar al verdadero autor de Hamlet, fue falseada, escamoteada, oculta. Hay que decir también que en el Siglo XVII, en la Inglaterra isabelina, ser autor teatral no estaba bien visto, en un noble, claro. Así, Edward de Vere, habría conseguido un monigote (Shakespeare) para que difundiera su obra, y posibilitara su representación.

Actualmente, la teoría de Shakespeare como un Hombre de paja, detrás del cual se esconde un genio, no cuenta con muchos seguidores. El canon en el mundo académico y literario afirma que la autoría de las obras de Shakespeare está bien establecida, más allá de cualquier duda. ¿Y a quién le preocupan esos detalles?, está la obra y eso basta. Podríamos retomar la teoría de la muerte del autor o, simplemente, citar a uno de sus personajes: «La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido» (Macbeth, 5.º acto, escena V).

No piensa así el director de cine Roland Emmerich (Stargate, Godzilla, 10000 a. C., Independence Day, entre muchas otras) quien en el año 2011, en el Festival Internacional de Cine de Toronto, estrenó Anonymous. Esta película presenta a un Shakespeare analfabeto y malandro, rodeado y partícipe de un mundo de intrigas. Sin duda Anonymous ofende a quienes han sacralizado al bardo de Stratford y, sin embargo, es un relato de época, con muchas virtudes, entre ellas la puesta en escena de la muerte del autor, y con ella la muerte del ego y de la vanidad de quienes escriben libros. Dice una amiga: ¿De qué se ufanan, si escribir es un oficio como cualquier otro?


Entradas antiguas Inicio
  • Biografía
    CARLOS CASTILLO QUINTERO (Miraflores, Boyacá, Colombia, 1966) Escritor, editor y director de talleres de escritura creativa, con inmersiones...
  • Agua quemada o las guerras de Pancho Villa
    Contra el agua, días de fuego.  Contra el fuego, días de agua.  Octavio Paz, Calendario .          A partir de 1915 Mariano Azuela, médico m...
  • Dalila Dreaming | Fernando Linero
    DALILA DREAMING Por: Fernando Linero Montes S egún el Diccionario de literatura española de la Revista de Occidente el cuento, c...
  • La primera noche del vampiro
    1   D esde hace siglos la figura mítica del vampiro ha estado presente en el folclor y en la literatura de todas las culturas del mundo, per...
  • Vivir para siempre
    "Eos y Titono" | Generada por IA 0            MEDIO SIGLO .  Hoy, agosto 28 de 2016, cumplo cincuenta años. He vivido 18.262 días ...
  • De la bella invención | Raúl Brasca
    Foto |©Andrés Neuman Buen presagio para un libro cuando en su lectura gana el placer sobre el propósito crítico del lector. Eso me p...

Copyright © 2015 CARLOS CASTILLO QUINTERO. Designed by OddThemes