TRES POEMAS DE AMOR

REINO DE ESTE MUNDO

Alguien dijo que en Stuttgart
vive una princesa
y pienso que Stuttgart
debe ser una ciudad bonita
en donde seguramente habrá un río
y un bosque
y adolescentes que tomados de la mano
se dejan tentar
por el agua que baja cantando
y aviones de papel aluminio
que cruzan el cielo
y dejan una estela de humo blanco
y una música que viene
no se sabe de dónde
y que conoce el camino del río.

Y quizá en Stuttgart no haya río
y los adolescentes que allí viven
amen la ceniza
y los aviones que crucen su cielo
sólo sean el transporte
de la muerte que vuela
y su música un réquiem.

Pero si en Stuttgart
vive una princesa
(eso dijo alguien)
esa ciudad tiene que ser bonita
como ésta
en la que el día declina
en donde vive mi princesa
y su paraíso.

 

 

OCTAEDRO

I
Quisiera hallarle utilidad,
un destino, a mi mano sin ti.

 

II
Y el amor que se hunde, se asfixia, se muere
en el gélido mar de la ausencia, su cadáver…
¿Sirve para alimentar a los peces?

 

III
La música va por la habitación, se desliza,
a palos de ciego te busca y regresa,
triste, sola, la música…

 

IV
Voluptuosa, abierta a la piel que acecha,
ebria, con una luna nueva en el pecho,
bella e inútil esta noche en la que no estás.

 

V
¿Qué caminos has ido a recorrer
de los trazados en las líneas de tu mano?

 

VI
Quizá otro deambule por el macramé pétreo de la casa,
y tropiece, sin hilo, sin brújula,
sin atreverse a consultar el mapa del cielo.
Quizá también huya del espejo y se crea, como yo,
único dueño de tu laberinto.

 

VII
Y si una tarde en un cruce de caminos,
en una calle alguien te roza.
Y si ese roce casual te detiene,
si te miran y miras, si naufragas en esa mirada…
¿A dónde mi ruta?

 

VIII
No interesa ya, la extensión del paraíso.

 

 

CLASE DE ARTE

Wassily deambula por una Ciudad árabe
con un turbante púrpura va, y en su mochila lleva tubos ocre
que retienen la piel de una tunecina.

El cielo negro se tiende sobre la torre, el faro,
y los ojos de Wassily:

La torre se erige (aclara su ascendencia babélica)
y se pierde más arriba de la nube que la ronda como una oveja.
El faro ignora a su sombra que se pliega en los techos.
Y los ojos de Wassily son una línea, un rayo blanco, una yegua
que gime entre conos, círculos, dameros…

Wassily salta de tus labios y sale por la ventana,
cae,
se sienta en una silla (el ceño fruncido)
y se pone a dibujar la Plaza de San Francisco
en una libreta roja.

Wassily está triste porque yo no he visto su Ciudad árabe
la fuente en donde se presiente un jardín
el embozado que trama un crimen
el coche con los ojos de la favorita del Sultán
el oro del comerciante del zoco
y la sombra del profeta… Wassily sabe que
sólo he visto tus labios de muñequita que sabe de Wassily.

 

De: Sin el azul del día

Derechos reservados
©Carlos Castillo Quintero

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